Monday, July 10, 2017

¿Qué vino sirve para la Eucaristía? ¿Puede ser pan sin gluten? Un nuevo documento vaticano da normas

Las hostias sin gluten no sirven para ser consagradas. El mosto de uva sí, en caso necesario, si no se ha cambiado "su naturaleza". Pueden provenir de cultivos modificados genéticamente. Estas son algunas de las aclaraciones de la nueva Carta circular a los Obispos sobre el pan y el vino para la Eucaristía que ha difundido por encargo del Papa la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Incluso se sugiere que los obispos pueden crear un sello de calidad que garantice el producto.

«Mientras que hasta ahora, por lo general, algunas comunidades religiosas se ocupaban de preparar el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, hoy se venden también en los supermercados, en otros negocios y a través de internet», el Dicasterio, sugiere a los Ordinarios que «para no dejar dudas acerca de la validez de la materia eucarística, dar indicaciones al respecto, por ejemplo, garantizando la materia eucarística mediante certificados apropiados».

Se recuerda que «el pan que se emplea en el santo Sacrificio de la Eucaristía debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente, para que no haya ningún peligro de que se corrompa».

Se señala además claramente que «es un abuso grave introducir, en la fabricación del pan para la Eucaristía, otras sustancias como frutas, azúcar o miel. Es claro que las hostias deben ser preparadas por personas que no sólo se distingan por su honestidad, sino que además sean expertas en la elaboración y dispongan de los instrumentos adecuados».

Vino sin mezclar con sustancias

La Carta recuerda también que «el vino que se utiliza en la celebración del santo Sacrificio eucarístico debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias extrañas. [...] Téngase diligente cuidado de que el vino destinado a la Eucaristía se conserve en perfecto estado y no se avinagre.

Está prohibido utilizar un vino del que se tiene duda en cuanto a su carácter genuino o a su procedencia, pues la Iglesia exige certeza sobre las condiciones necesarias para la validez de los sacramentos. No se debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género, que no constituyen una materia válida».

Gluten y otros casos especiales

Sobre las normas respecto a las personas que, "por diversos y graves motivos, no pueden tomar pan preparado normalmente o vino normalmente fermentado", se lee que:

«Las hostias sin nada de gluten son materia inválida para la Eucaristía. Son materia válida las hostias con la mínima cantidad de gluten necesaria para obtener la panificación sin añadir sustancias extrañas ni recurrir a procedimientos que desnaturalicen el pan». Así como «es materia válida para la Eucaristía el mosto, esto es, el zumo de uva fresco o conservado, cuya fermentación haya sido suspendida por medio de procedimientos que no alteren su naturaleza (por ejemplo el congelamiento).

«La materia eucarística preparada con organismos genéticamente modificados puede ser considerada materia válida», afirma también la carta, que añade luego que «los que preparan el pan y producen el vino para la celebración deben ser conscientes que su obra está orientada al Sacrificio Eucarístico y esto pide su honestidad, responsabilidad y competencia».

La Carta está fechada el 15 de junio de 2017, Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y está firmada por el Card. Robert Sarah y por el Arzobispo Arthur Roche, Prefecto y Secretario respectivamente de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

Monday, June 5, 2017

Si no hay canto de Comunión, ¿cuándo se puede decir la antífona de comunión? y ¿quién la dice?

Instrucción General del Misal Romano (IGMR) 87:

IGMR 87: Para canto de Comunión puede emplearse la antífona del Gradual Romano, con su salmo o sin él, o la antífona con el salmo del Graduale Simplex, o algún otro canto adecuado aprobado por la Conferencia de los Obispos.

Lo canta el coro solo, o el coro con el pueblo, o un cantor con el pueblo. Por otra parte, cuando no hay canto, se puede decir la antífona propuesta en el Misal. La pueden decir los fieles, o sólo algunos de ellos, o un lector, o en último caso el mismo sacerdote, después de haber comulgado, antes de distribuir la Comunión a los fieles.

IGMR 88: Terminada la distribución de la Comunión, si resulta oportuno, el sacerdote y los fieles oran en silencio por algún intervalo de tiempo. Si se quiere, la asamblea entera también puede cantar un salmo u otro canto de alabanza o un himno.

¿Es correcto que un sacerdote celebre sin casulla (solo con alba y estola)? y ¿los sacerdotes concelebrantes?

No es correcto. Siempre se debe usar la casulla (excepto los concelebrantes en caso de necesidad):

Instrucción General del Misal Romano (IGMR) 336:

La vestidura sagrada para todos los ministros ordenados e instituidos, de cualquier grado, es el alba, que debe ser atada a la cintura con el cíngulo, a no ser que esté hecha de tal manera que se adapte al cuerpo aun sin él. Pero antes de ponerse el alba, si ésta no cubre el vestido común alrededor del cuello, empléese el amito. El alba no puede cambiarse por la sobrepelliz, ni siquiera sobre el vestido talar, cuando deba vestirse la casulla o la dalmática, o sólo la estola sin casulla ni dalmática, según las normas.

IGMR 337:

La vestidura propia del sacerdote celebrante, en la Misa y en otras acciones sagradas que se relacionan directamente con la Misa, es la casulla o planeta, a no ser que se determinara otra cosa, vestida sobre el alba y la estola.

IGMR 209:

Los concelebrantes, en la sacristía o en otro lugar apropiado, se revisten con las vestiduras sagradas que suelen utilizar cuando celebran la Misa individualmente. Pero si hay una justa causa, por ejemplo, un gran número de concelebrantes o falta de ornamentos, los concelebrantes, con excepción siempre del celebrante principal, pueden omitir la casulla o planeta, poniendo la estola sobre el alba.

Saturday, May 27, 2017

¿Por "todos" o por "muchos"? Resistencia a la reforma litúrgica conciliar, por Hilari Raguer, OSB

Ha causado estupor el cambio de las palabras de la consagración eucarística ordenado por la Congregación del Culto y asumido por nuestros obispos, imponiendo el "entregado por vosotros y por muchos" en vez del "por todos" pacíficamente arraigado.

Si desde el principio se hubieran traducido así las palabras de Jesús en la institución de la Eucaristía, ya sería discutible, pero el cambio tardío no puede dejar de producir la impresión de que el "muchos" deroga el "todos", y de que Jesucristo no murió por todos los hombres. ¿Habrán nacido algunos predestinados a la condenación eterna?

Se ha alegado una traducción literal del latín tradicional "pro multis", pero detrás del latín está el griego "pollois", y detrás del griego está el hebreo "rabbim", que no es limitativo sino indefinido y significa multitud, número infinito, como en el Siervo de Yahvé de Is 53,13.

Puestos a revisar versiones tradicionales con afán de literalidad, con el mismo criterio habría que cambiar también la última petición del padrenuestro según Mateo. El "libera nos a malo" latino se ha traducido siempre, en la liturgia, el catecismo y la piedad, por "líbranos del mal", cuando literalmente deberíamos decir "líbranos del malo", es decir, del demonio.

En el original griego de Mateo 6,13, leemos "ponerou", traducido al latín por "malo", pero no es ablativo del neutro "malum", "el mal", sino del masculino "malus", "el malo", "el maligno". En Mateo es una explicitación de la petición anterior: "no nos dejes caer en la tentación, antes líbranos del tentador", "del maligno".

En el fondo de esta aparente fidelidad al texto original hay que ver una resistencia a la reforma litúrgica conciliar, de la que se han dado ya repetidas muestras.

Tuesday, February 21, 2017

Francisco explica por qué improvisa tanto en las homilías, incluso descartando el texto preparado


Se ha publicado en Italia un libro titulado Nei tuoi occhi è la mia parola [En tus ojos está mi palabra] que recoge homilías y discursos de Jorge Mario Bergoglio entre 1999 y 2013, su etapa como arzobispo titular de Buenos Aires, a donde llegó como obispo auxiliar en 1992. El volumen incluye además una conversación de Francisco con Antonio Spadaro, S.I., director de La Civiltà Cattolica, donde el Papa explica el sentido general de su homilética.

“Las homilías para mí son algo tan ligado a la historia concreta del momento que después puede ser olvidada”, afirma Francisco al ser preguntado si recuerda la primera homilía que pronunció como sacerdote. “No es hecha para ser recordada por el predicador, que en su lugar es siempre empujado a avanzar”, añade a continuación.

No obstante, Francisco hace memoria y explica que “cuando en el seminario nos enseñaban homilética yo ya tenía una cierta aversión hacia los folios escritos en los que estaba todo. Y esto lo recuerdo bien. Estaba y estoy convencido de que entre el predicador y el pueblo de Dios no debe haber nada en medio. No puede haber un papel. Algún apunte escrito sí, pero no todo”. “Y lo he dicho también en la escuela, en ese tiempo. El profesor se sorprendió. Me preguntó por qué era contrario a preparar toda la homilía y yo le respondí: ‘Si se lee no se puede mirar a la gente a los ojos’”. “Esto –añade– lo recuerdo como si fuese hoy y sucedió antes de que fuese ordenado sacerdote”.

Mirar a la gente

Él mismo afirma que este pensamiento continúa presente como Papa y subraya que “lo que busco hacer todavía hoy es buscar los ojos de la gente. También aquí en la plaza de San Pedro”. Preguntado sobre cómo hace con tanta gente que le espera siempre en la plaza, Francisco explica que “cuando saludo hay una masa de gente, pero yo no la veo como masa: busco mirar al menos a una persona, un rostro preciso. A veces es imposible por la distancia. Es feo cuando estoy demasiado lejos. A veces lo intento sin conseguirlo, pero lo intento”. Y “si miro a uno después quizás también los demás se sientes observados, no como ‘masa’, sino como personas individuales”.

Para explicar mejor este aspecto, el Pontífice pone de ejemplo la Misa de clausura en Filipinas ante millones de personas, la cual “quizás no fue calurosa como hubiese querido”. “Amo mucho a aquella gente que era mucha”, sin embargo “en Taclobán (una isla de Filipinas hasta la que se desplazó), en medio de la lluvia, en esa situación de verdad difícil, sentí que podía mirar a las personas y hablarles al corazón. Era una comunicación directa. Las situaciones son imprevisibles, la comunicación es una cosa que acontece en el momento en el que acontece”.

A pesar de todo esto, “aquí debo leer a menudo las homilías” y “entonces me acuerdo de eso que decía cuando era estudiante. Por eso muchas veces me salgo del texto escrito que está preparado, añado palabras, expresiones que no están escritas. De esta manera miro a la gente. Cuando hablo debo hacerlo a alguno. Lo hago como puedo, pero tengo esta profunda necesidad”.

“Es cierto que a San Pedro se necesita ir con algo bien preparado, pero yo siempre tengo este deseo profundo que va más allá de los contextos formales. A veces no lo consigo por las circunstancias, y entonces no estoy contento. Tengo este impulso de salir del  texto y mirar a los ojos".

Los tres puntos característicos

Por otro lado, el Santo Padre también revela cómo se siente cuando en sus viajes debe ser traducido a la lengua del país para que la gente le pueda entender. “Querría no ser traducido y hablar el idioma, pero me he acostumbrado”.

Cuestionado sobre si hay diferencias entre sus homilías como Arzobispo y como Papa, afirma que “no lo sé”. “No, yo advierto diferencias. Es verdad que en algunos casos de arzobispo y de Papa la preparación es más formal y compleja”.

Francisco también confiesa por qué muchas veces en sus homilías o discursos habla de 3 puntos: “Me viene de los Ejercicios (de San Ignacio): es la formación jesuita”. “Los Ejercicios me vienen a la mente rápidamente, siempre. Me han formado. Desde entonces, desde el inicio, no noto una actitud radicalmente distinta respecto a cuando predicaba como párroco”. Pero, “lo importante es tener el corazón de pastor tanto de párroco como de obispo o de Papa”, afirma.

La Misa matutina en la Casa Santa Marta

En el libro, el Obispo de Roma revela también que las homilías de la mañana las comienza a preparar “el día anterior”. En concreto, “a mediodía del día anterior”. “Leo los textos del día siguiente y, en general, elijo una de las tres lecturas. Después leo en voz alta el pasaje que he elegido. Tengo necesidad de escuchar el sonido, de escuchar las palabras. Y después subrayo en el librito que uso aquellas que me han llamado más la atención. Rodeo con círculos las palabras que me han sorprendido”.

El Pontífice también cuenta que “durante el resto del día las palabras y los pensamientos van y vienen mientras hago lo que debo hacer: medito, reflexiono, saboreo las cosas… Hay días sin embargo en los que llego a la tarde y no me viene nada a la mente, en los que no tengo idea de qué diré al día siguiente”.

En estos casos, “hago lo que dice San Ignacio: me duermo con ello” y “entonces, rápidamente cuando me despierto, viene la inspiración. Vienen cosas justas, a veces fuertes a veces más débiles. Pero es así: me siento preparado”.

Wednesday, February 15, 2017

Comulgar en la mano o en la boca es un derecho de cada fiel, por Martín Gelabert Ballester, OP

"En una iglesia del corazón de Madrid que frecuento muy poco... me han negado insistentemente la comunión... por no ponerme de rodillas. He tenido que decir, en voz alta, defendiéndome, que no podía arrodillarme... por motivos de salud". Estas palabras las ha escrito, recientemente, con tristeza, una buena persona, como un desahogo. No es el primer caso que conozco.

Hay que decir, con toda claridad y firmeza, que el comulgar en la mano o en la boca, de pié o de rodillas, con calcetines rojos o verdes, es un derecho de cada fiel. Y el presbítero, el diácono, o el ministro de la comunión, no puede negarle este derecho.

Es penoso que algunos, en cuanto se ponen una sotana, se consideren los amos de la fiesta, olvidando que son servidores o ministros, o sea, menores al servicio de los fieles. Los gustos del que distribuye la comunión no cuentan; cuenta el derecho del que la recibe.

Cierto, en las celebraciones de la plaza de San Pedro no se distribuye la comunión en la mano, por un motivo serio: evitar que alguien pueda quedarse con la forma y utilizarla sacrílegamente. Por eso, en toda ocasión, el que recibe la comunión en la mano debe llevársela a la boca delante del ministro. Por otra parte, en la plaza de San Pedro la mayoría de los que reciben la comunión lo hacen de pié y no de rodillas.

Hablando de celebraciones, no está de más recordar que el presidente es responsable de que se celebre dignamente. Precisamente, en nombre de la dignidad, debe procurar que la liturgia sea gustosa para los asistentes. Por eso conviene alternar las distintas posibilidades que ofrece la liturgia, los prefacios y las plegarias eucarísticas. Repetir siempre la plegaria eucarística número dos no es celebrar bien. La celebración comporta también un ritmo para que se entienda lo que se dice y se lee. Leer deprisa o sin el tono adecuado, no es celebrar dignamente.

Además, el celebrante debe favorecer que la conocida como "oración de los fieles", sea lo que su nombre indica. Un modo sencillo de conseguirlo es pedir a algunos que preparen las oraciones para luego leerlas. O, en según qué circunstancias, que puedan decirlas espontáneamente.

Todas esto se soluciona cuando hay un verdadero diálogo eclesial, cuando el sacerdote conoce a los fieles y se gana su confianza, cuando cada uno respeta el papel de los demás, cuando hay un poco de flexibilidad y sentido común. En definitiva, se soluciona desde la normalidad.

Tuesday, February 14, 2017

¿Qué tendrían que hacer los divorciados para comulgar en misa?

El Papa Francisco, en base al informe final del Sínodo aprobado por los obispos (2015), ha reconocido la posibilidad de que comulguen en misa los divorciados vueltos a casar, las personas que convivan establemente y las que se encuentren en situaciones semejantes.

Esta posibilidad, por cierto, siempre ha existido para quienes simplemente se han separado o divorciado y no han contraído una nueva unión; y, de antiguo, para quienes manteniendo una convivencia seria, se abstienen de la intimidad sexual (San Juan Pablo II en Familiaris consortio).

En Amoris laetitia el Papa, sin cambiar la doctrina tradicional sobre la unidad y la indisolubilidad del matrimonio sacramental, introduce un cambio en la disciplina de acceso a la comunión eucarística. No añade excepciones, como la mencionada sobre la abstención de relaciones sexuales. En cambio, establece orientaciones generales que debieran aplicarse a todo tipo de casos y ofrece algunos criterios que han de ser considerados.

Las orientaciones generales son tres:

  • voluntad de integración de todos, 
  • necesidad de un acompañamiento
  • discernimiento en conciencia. 

Este último puede parecer novedoso, pero pertenece a la más auténtica y antigua tradición de la Iglesia.

El Evangelio de Jesús es una apelación al corazón de las personas que solo puede ser acogido libremente, sin coacción, sin miedo. En Amoris laetitia el Papa ha subrayado la importancia del debido respeto a los laicos que deben tomar las decisiones que atañen a sus vidas con recta conciencia; es decir, en última instancia, solos delante de Dios (AL 42, 222, 264, 298, 302, 303).

Lo hace incluso a modo de autocrítica: "... nos cuesta dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor posible al Evangelio en medio de sus límites y pueden desarrollar su propio discernimiento ante situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas" (AL 37). Por otra parte, estas personas deben saber que nadie puede acusarlas de estar en pecado mortal y, por el contrario, deben creer que la gracia de Dios nunca les faltará para crecer en humanidad (291, 297, 300 y 305); y que pueden contar siempre con el amor incondicional de Dios (AL 108 y 311).

Antes de esto, sin embargo, el Papa pide a los católicos que se encuentran en estas situaciones llamadas irregulares que tengan un acompañamiento pastoral. Lo hace en estos términos: "Invito a los fieles que están viviendo situaciones complejas, a que se acerquen con confianza a conversar con sus pastores o con laicos que viven entregados al Señor. No siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz que les permita comprender mejor lo que les sucede y podrán descubrir un camino de maduración personal" (AL 312).

La voluntad de Francisco es integrar a todos (AL 297). Ha de verse cómo y, por cierto, no puede hacérselo de un modo irresponsable. Esta integración, pensamos, solo tiene sentido cuando las mismas personas quieren integrarse lo más posible a la vida eclesial, y no recuperar simplemente la comunión como un derecho perdido.

El Papa ofrece una serie de criterios para que estas personas puedan ir reintegrándose lo más posible a la vida eclesial. Estos criterios aparecen algo desperdigados en el capítulo octavo. Aquí los desplegamos y también recogemos lo que en ellos pudiera quedar implícito. Probablemente no son los únicos, pero son los principales. En cualquiera de los casos debe considerarse:

- El grado de consolidación (AL 298) y estabilidad de la nueva relación (AL 293).
- La profundidad del afecto (AL 293).
- La voluntad y prueba de fidelidad (298).
- La intención y prueba de un compromiso cristiano (AL 298).
- La responsabilidad con los hijos del primer matrimonio (AL 293, 298 y 300).
- El sufrimiento y confusión que ha podido causar a los hijos el fracaso del primer matrimonio (AL 298).
- La responsabilidad con los hijos del nuevo vínculo afectivo (AL 293).
- La situación del cónyuge cuando ha sido abandonado (AL 300).
- Las consecuencias que tiene la nueva relación para el resto de la familia y la comunidad eclesial (AL 300).
- El ejemplo que se da a los jóvenes que se preparan al matrimonio (AL 300).
- La capacidad para superar las pruebas (AL 293).

Será especialmente importante:

- Un reconocimiento de la irregularidad de la nueva situación (AL 298).
- Una convicción seria sobre la irreversibilidad de la nueva situación (AL 298).
- Un reconocimiento de culpabilidad -si la ha habido- en el fracaso del primer matrimonio (AL 300).
- Un conocimiento de la seriedad de los compromisos de unidad y fidelidad del primer matrimonio, y de las exigencias de verdad y de caridad de la Iglesia (AL 300).

Es necesario recordar que el texto citado más arriba señala que el acompañamiento requerido también puede realizarlo una persona laica entregada al Señor. Esto facilitará la ayuda en este discernimiento a quienes han tenido una experiencia traumática con algún sacerdote durante la celebración del sacramento de la reconciliación o a quienes estiman que el presbítero disponible no es quien mejor puede acompañar.

Esta posibilidad pastoral que Amoris laetitia reconoce a quienes actualmente no pueden comulgar en misa debe entendérsela como el reverso del deseo de la misma Iglesia de comulgar con ellos. La Iglesia acepta que comulguen porque ella quiere, y necesita, comulgar con ellos, con sus sufrimientos, con sus esfuerzos por salir adelante, con sus aprendizajes dolorosos y con su crecimiento espiritual.

Este es el tono general de la exhortación del Papa Francisco. Por nuestra parte podemos agregar que si la jerarquía eclesiástica, los matrimonios y las familias bien constituidas, no tuvieran nada que aprender de los divorciados unidos en nuevos vínculos y de sus segundas familias; si se descartara que ellos, precisamente en circunstancias de vida turbulentas, han podido tener una experiencia espiritual que puede inspiradora para los demás cristianos, a la comunión eucarística le estaría faltando algo fundamental.

Autor: P. Jorge Ostadoat, SJ