Saturday, August 29, 2015

Tres explicaciones para entender mejor qué es la Misa y cómo vivirla de forma más plena, por el P. Ricardo Reyes



¿Qué tan común es para usted distraerse durante la Misa? ¿Le gustaría poder entender y vivir de forma más plena esta celebración? Con el fin de dar respuesta a este tipo de interrogantes, y enseñar a los fieles de una manera cercana la importancia de los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la Reconciliación, el sacerdote Ricardo Reyes Castillo viaja por el mundo dando conferencias y publicando libros como “Me dejé seducir” y “Cartas entre Cielo y Tierra”.

En su visita a Chile, el sacerdote de la diócesis de Roma y doctor en Sagrada Liturgia del Pontificio Ateneo San Anselmo, conversó con ACI Prensa y dio tres consejos para comprender la Santa Misa.

Eucaristía: Un encuentro con Dios

Lo primero a tener en cuenta, dijo el sacerdote, es que los sacramentos son “instrumentos de Dios” para encontrarse en intimidad con Él.

“La Misa es una relación, es ante todo un encuentro, un estar con Dios, es dialogar y nuestra alma necesita estar con Dios, ver si Él existe para poder encontrar una respuesta a nuestra vida, a nuestros sufrimientos, a nuestras luchas. El hombre necesita constantemente este diálogo, ver que no está sólo, experimentar a Alguien que le habla y le sugiere por dentro”.

“Por eso, decimos que los sacramentos son acción del Espíritu Santo, el Paráclito, el Abogado, el Consolador, Aquél que nos sugiere, nos defiende, nos consuela… Nosotros necesitamos encontrarnos con Él”, expresó el P. Reyes.

Eucaristía: Un misterio Pascual

El sacerdote comentó que cada Eucaristía “es un misterio pascual donde Dios quiere mostrar su amor (…) Ese misterio es manifestación de su belleza, que comienza a darle sentido a nuestra vida”.

Asimismo, “cada Eucaristía hace presente el pasar de Cristo de la muerte a la vida. Cada Eucaristía nos hace experimentar que con Cristo es posible pasar de un evento de sufrimiento a la luz de la Resurrección”, enfatizó el P. Reyes.

“Por eso, la Eucaristía comienza con el acto penitencial, el reconocer nuestras faltas, nuestra condición de vacío para poder ser llenados por el Amor”.

El sacerdote resaltó que “la Eucaristía es pasar de la esclavitud a la libertad. Nosotros, todos, necesitamos constantemente experimentar que con Cristo es posible ya, ser libres de amar aquí en la Tierra y de darnos a la vida”, comentó el doctor en liturgia.

Eucaristía es maravillarse

Los sacramentos y la Eucaristía “son canales de gracias a través de los cuales los cristianos tocan el cielo y eso les permite vivir como cristianos”.

El sacerdote explicó que “la Eucaristía es perdón, es amor, es poder estar con Cristo. Es el encuentro entre nuestra miseria y su misericordia. Eso causa en nosotros maravillas. Si yo me considero frágil incapaz de amar y me siento visitado por el Amor, entonces mi vida viene transformada y eso me abre a ver cosas mayores, cosas más grandes”.

“La Eucaristía es el encuentro con esa maravilla que es el Cielo que se abre sobre la tierra”, remarcó.

El P. Ricardo Reyes, ha tenido la bendición de haber sido ordenado por el Papa San Juan Pablo II, entregar su tesis doctoral “La Unidad en el pensamiento litúrgico de Joseph Ratzinger” al mismo Papa Benedicto XVI y conocer al Papa Francisco el mismo día de su cumpleaños.

Fuente: aciprensa.com

Wednesday, June 17, 2015

15 tipos de homilías malas que se podrían evitar (la feligresía lo agradecerá)

¡Qué difícil es hacer una buena homilía! ¿Cuál es la forma mejor de hacerlo? Lo que parece que está claro es lo que no debe hacerse. Aquí unos ejemplos:

1. Homilía improvisación: es la que el sacerdote prepara cuando se está poniendo el alba, el cíngulo, la estola y la casulla para la santa misa.

2. Homilía libresca: homilía con mucho sabor a libro y escritorio; homilía académica, marmórea…pero carente de corazón y de conocimiento de los oyentes.

3. Homilía arqueológica: homilía donde el predicador quiere siempre incursionar en detalles secundarios sobre los fariseos, esenios, dracmas, estadios, hora sexta, atrio, pozo…No explica el mensaje de Dios sino curiosidades periféricas.

4. Homilía romántica: que quiere arrancar lágrimas, sonrisas y azúcar en el oyente, a base de exclamaciones, interjecciones, gritos, lenguaje paternalista con adjetivos tiernos, diminutivos o aumentativos.

5. Homilía demagógica: que a base de palabras y más palabras para quedar bien con el público, traiciona tanto el mensaje evangélico como al destinatario, agrandando o empequeñeciendo, desfigurando y distorsionando la doctrina de Cristo.

6. Homilía literaria: más que una predicación sagrada es un ejercicio literario o poético.

7. Homilía antológica: la homilía se convierte en una oportunidad para recordar y sacar a colación todas las frases, sentencias, textos, poesías, definiciones que el predicador aprendió de memoria o que tenía en sus archivos.

8. Homilía molusco: invertebrada, blandengue, gelatina escurridiza, sin argumento, sin contenido, sin tema. No termina un tema cuando comienza otro.

9. Homilía ladrillo: sólo ideas sin relación con la vida de los oyentes. La homilía tiene que llegar, por así decir, a la cocina de esa mujer de casa, al puesto de trabajo de ese buen padre de familia, a los pupitres de ese estudiante…Esta homilía-ladrillo no llega.

10. Homilía espagueti: se enrolla y se enrolla sobre el mismo asunto, aburriendo a los oyentes y haciéndoles bostezar.

11. Homilía cursillo: trata muchos temas sin concretar ninguno.

12. Homilía repetición del evangelio: No sabe sacar un mensaje de ese evangelio para sus oyentes, y lo único que hace es repetir lo que se leyó en el evangelio. ¿Será posible que el predicador sea incapaz de zurcir una homilía jugosa con una sola idea bien expresada? ¡El oyente no es tonto, por favor!

13. Homilía técnica: usar todo el tiempo lenguaje teológico que la gente no entiende (metanoia, kénosis, anáfora, parusía, epifánico, histérico, pneumático, mistagogo, escatología, transubstanciación,…). La homilía no es una clase de teología, sino una conversación cordial con sus oyentes y parroquianos.

14. Homilía callejera: el predicador salpica todo el tiempo con jerga vulgar y chocarrera. Así se rebaja la palabra de Dios, la dignidad del profeta y la dignidad de los fieles que san Pablo llama “santos en el Señor”. El predicador no debe nunca rebajarse, pues está hablando en nombre de Cristo y de la Iglesia.

15. Homilía de mal piloto: el predicador no sabe despegar ni aterrizar, y da vueltas y más vueltas y nunca termina. “Y ya para terminar”…y vuelve a subir a las nubes…”y ya para terminar”…y vuelve a subir. Termine y punto, por favor.

Fuente: religionenlibertad.com