Wednesday, November 15, 2017

¿Es válida la Santa Misa celebrada sin asistencia de pueblo?, por el P. Santiago Gonzalez

La respuesta es un SÍ rotundo que además tiene el aval del Magisterio es estas dos citas:

De la Ordenación General del Misal Romano:  19. Aunque en algunas ocasiones no se puede tener la presencia y la participación activa de los fieles, las cuales manifiestan más claramente la naturaleza eclesial de la acción sagrada, la celebración eucarística siempre está dotada de su eficacia y dignidad, ya que es un acto de Cristo y de la Iglesia, en el cual el sacerdote lleva a cabo su principal ministerio y obra siempre por la salvación del pueblo.

Del Código de Derecho Canónico: 904 Los sacerdotes, teniendo siempre presente que en el misterio del Sacrificio eucarístico se realiza continuamente la obra de la redención, deben celebrarlo frecuentemente; es más, se recomienda encarecidamente la celebración diaria, la cual, aunque no pueda tenerse con asistencia de fieles, es una acción de Cristo y de la Iglesia, en cuya realización los sacerdotes cumplen su principal ministerio.

De aquí se extraen dos consecuencias importantes para la vida eclesial:

1: Recalcar que la Presencia de Dios no se agota sólo en la “comunidad” (o asamblea) tal y como se vive y cree en el protestantismo, donde el sacerdote es “pastor” y ejerce una función pero NO actúa en persona de Cristo. Por eso ha de recordarse que la presencia de Cristo se da en la consagración, en la reserva del Sagrario y en el sacerdote que es el mismo Cristo al celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Siendo mucho mejor que a la Misa asista el pueblo, la ausencia del mismo NO hace ni inválida ni inconveniente la Misa.

2: Destacar que, aunque no sea bajo pecado mortal (como si ocurre en la omisión del Breviario), el sacerdote debe celebrar la Santa Misa DIARIAMENTE, a no ser que lo impidan causas de absoluta fuerza mayor. A veces se dan situaciones realmente grotescas, como la de celebrar varias Misas el mismo día  (incluyendo alguna concelebración) y omitir la Misa el día después.

Lo que queda muy claro es que la ausencia de pueblo NO justifica que el sacerdote deje de celebrar el Sacrificio de la Misa. Cuando esta idea no se comprende es porque se olvida la comunión de los santos, o sea, que el sacerdote al celebrar Misa NUNCA está solo ya que con él se unen todos los santos y ángeles del Cielo, así como las benditas ánimas del purgatorio.

Sólo desde la falta de FE (o desde una fe protestantizada) se puede afirmar que un sacerdote al celebrar Misa sin pueblo está realmente SOLO.

El Papa explica en su catequesis las dos condiciones para encontrarse con Dios en la Eucaristía



El Papa Francisco celebró este miércoles la Audiencia General ante miles de personas donde prosiguió su catequesis sobre la Eucaristía.  Y por ello, habló de dos condiciones necesarias para encontrarse con Dios a través de este sacramento, la humildad y el dejarse sorprender por Él.

De este modo, el Santo Padre explicó que “la Misa es oración, aún más, es la oración por excelencia, la más alta, la más sublime y, al mismo tiempo, la más concreta. De hecho, es el encuentro de amor con Dios mediante su Palabra y el Cuerpo y la Sangre de Jesús”.

El Papa incidió en que la humildad y la confianza son requisitos esenciales para recibir al Señor. Lo explicó así: “En primer lugar, ser humildes, reconocerse hijos, descansar en el Padre, fiarse de Él. Para entrar en el Reino de los cielos es necesario hacerse pequeños como niños. En el sentido de que los niños saben fiarse, saben que alguno se preocupará de ellos, de aquello que comerán, de aquellos que llevarán, y así todo”.

Por otro lado, agregó Francisco, está el dejarse sorprender y volvió a hacer una comparación pues “el niño hace siempre mil preguntas porque desea descubrir el mundo, se maravilla de las cosas pequeñas porque todo es nuevo para él”.

Es por ello que “para entrar en el Reino de los cielos es necesario dejarse maravillar. En nuestra relación con el Señor, en la oración, ¿nos dejamos maravillar? ¿Nos dejamos sorprender? Porque el encuentro con el Señor es siempre un encuentro vivo”.

Prosiguió Francisco su catequesis recordando que si la Eucaristía es oración, “¿qué es la oración?”. Y respondió asegurando que “es, sobre todo, diálogo, una relación personal con Dios. El hombre ha sido creado como ser relacional que encuentra su plenitud relacionándose en el encuentro con su Creador”.

Afirmó también que el “el Libro del Génesis afirma que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, el cual es Padre, Hijo y Espíritu Santo, una relación perfecta de amor y de unidad. De ella podemos comprender que nosotros hemos sido creados para entrar en una relación perfecta de amor, en un continuo entregarse y recibirse para poder encontrar así la plenitud de nuestro ser”.

“Cuando Moisés, ante la zarza ardiente, recibe la llamada de Dios, le pregunta cuál es su nombre, y Él le responde: ‘Yo soy el que es’. Esta expresión, en su sentido original, expresa presencia y favor, y, de hecho, inmediatamente después añade: ‘El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob’”, subrayó el Papa.

“También Cristo, cuando llama a sus discípulos, los llama para que permanezcan con Él. Esta es la gracia más grande: poder experimentar que la Eucaristía es el momento privilegiado para estar con Jesús y, por medio de Él, con Dios y con los hermanos”, agregó.

El Pontífice invitó a “rezar como un verdadero diálogo”, y recordó que ese diálogo “también implica saber permanecer en silencio. En silencio junto a Jesús. Del misterioso silencio de Dios surge su Palabra que resuena en nuestro corazón. Jesús mismo nos enseña cómo es posible ‘estar’ verdaderamente con el Padre y nos lo demuestra con su oración”.

Wednesday, November 8, 2017

Catequesis sobre la Eucaristía, por el papa Francisco (Audiencia de los miércoles)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Iniciamos hoy una nueva serie de catequesis, que dirigirá la mirada al “corazón” de la Iglesia, es decir, la Eucaristía. Es fundamental para nosotros cristianos comprender bien el valor y el significado de la Santa Misa, para vivir siempre más plenamente nuestra relación con Dios.

No podemos olvidar el gran número de cristianos que, en el mundo entero, en dos mil años de historia, han resistido hasta la muerte por defender la Eucaristía; y cuantos, aun hoy, arriesgan la vida por participar en la Misa dominical.

En el año 304, durante la persecución de Diocleciano, un grupo de cristianos, del Norte de África, fueron sorprendidos mientras celebraban la Misa en una casa y fueron arrestados. El procónsul romano, en el interrogatorio, les pregunto porque lo habían hecho, sabiendo que era absolutamente prohibido. Y ellos respondieron: «Sin el domingo no podemos vivir», que quería decir: si no podemos celebrar la Eucaristía, no podemos vivir, nuestra vida cristiana moriría.

De hecho, Jesús dice a sus discípulos: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6,53-54).

Estos cristianos del Norte de África fueron asesinados por celebrar la Eucaristía. Han dejado el testimonio que se puede renunciar a la vida terrena por la Eucaristía, porque ella nos da la vida eterna, haciéndonos partícipes de la victoria de Cristo sobre la muerte. Un testimonio que nos interpela a todos y pide una respuesta sobre qué cosa significa para cada uno de nosotros participar en el Sacrificio de la Misa y acercarnos al Banquete del Señor.

¿Estamos buscando esa fuente de donde “brota agua viva” para la vida eterna qué hace de nuestra vida un sacrificio espiritual de alabanza y de acción de gracias y hace de nosotros un solo cuerpo con Cristo? Este es el sentido más profundo de la Santa Eucaristía, que significa “acción de gracias”: acción de gracias a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que nos envuelve y nos transforma en su comunión de amor.

En las próximas catequesis quisiera dar respuesta a algunas preguntas importantes sobre la Eucaristía y la Misa, para redescubrir, o descubrir, como a través de este misterio de la fe resplandece el amor de Dios.

El Concilio Vaticano II ha sido fuertemente animado por el deseo de llevar a los cristianos a comprender la grandeza de la fe y la belleza del encuentro con Cristo. Por este motivo era necesario sobre todo actuar, con la guía del Espíritu Santo, una adecuada renovación de la Liturgia, porque la Iglesia continuamente vive de ella y se renueva gracias a ella.

Un tema central que los Padres conciliares han subrayado es la formación litúrgica de los fieles, indispensable para una verdadera renovación. Y es justamente este el objetivo de este ciclo de catequesis que hoy iniciamos: crecer en el conocimiento de este gran don de Dios que nos ha donado en la Eucaristía.

La Eucaristía es un evento maravilloso en el cual Jesucristo, nuestra vida, se hace presente. Participar en la Misa «es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Es una teofanía: el Señor se hace presente en el altar para ser ofrecido al Padre para la salvación del mundo».

El Señor está ahí con nosotros, presente. Pero, muchas veces nosotros vamos ahí, miramos las cosas, hablamos entre nosotros mientras el sacerdote celebra la Eucaristía… pero nosotros no celebramos cerca de él. ¡Pero es el Señor! Si hoy viniera aquí el presidente de la República o alguna persona muy importante del mundo, seguramente todos estaríamos cerca de él, que quisiéramos saludarlo. Pero, piensa: cuando tú vas a Misa, ¡ahí está el Señor! Y tú estás distraído, volteado… ¡Es el Señor! Debemos pensar en esto, ¡eh!

- “Padre, es que las misas son aburridas”
– “Pero qué cosa dices, ¿qué el Señor es aburrido?”
– “No, no. La Misa no, los sacerdotes”.
- “Ah, que se conviertan los sacerdotes. Pero es el Señor que está ahí, ¡eh!”

¿Entendido? No lo olviden. Participar en la Misa «es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor».

Tratemos ahora de ponernos algunas simples preguntas. Por ejemplo, ¿por qué se hace el signo de la cruz y el acto penitencial al inicio de la Misa? Aquí quisiera hacer un paréntesis. ¿Ustedes han visto como los niños se hacen el signo de la cruz? Tú no sabes que cosas hacen, si es el signo de la cruz o un diseño. Hacen así…

Pero, aprender, enseñar a los niños a hacer bien el signo de la cruz, así comienza la Misa, así inicia la vida, así inicia el día. Esto quiere decir que nosotros somos redimidos con la cruz del Señor.

Miren a los niños y enséñenles bien a hacer el signo de la cruz. Y esas Lecturas, en la Misa, ¿por qué están ahí? ¿Por qué se leen el domingo tres Lecturas y los otros días dos? ¿Por qué están ahí, qué cosa significa la Lectura de la Misa?

O quizás, ¿por qué a cierto momento el sacerdote que preside la celebración dice: “Levantemos el corazón”? No dice: “Levantemos nuestros celulares para tomar una fotografía”. No, es una cosa fea. Y les digo que a mí me da mucha tristeza cuando celebro aquí en la Plaza o en la Basílica y veo muchos celulares levantados no solo de los fieles, también de algunos sacerdotes y también de obispos. ¡Por favor! La Misa no es un espectáculo: es ir al encuentro de la pasión, de la resurrección del Señor. Por esto el sacerdote dice: “Levantemos el corazón”. ¿Qué cosa quiere decir esto? Recuerden: nada de celulares.

Es muy importante regresar a los fundamentos, redescubrir lo que es esencial, a través de aquello que se toca y se ve en la celebración de los Sacramentos. La pregunta del apóstol Santo Tomás (Cfr. Jn 20,25), de poder ver y tocar las heridas de los clavos en el cuerpo de Jesús, es el deseo de poder de algún modo “tocar” a Dios para creerle. Lo que Santo Tomas pide al Señor es aquello del cual todos nosotros tenemos necesidad: verlo y tocarlo para poder reconocerlo. Los Sacramentos van al encuentro de esta exigencia humana. Los Sacramentos, y la celebración eucarística de modo particular, son los signos del amor de Dios, las vías privilegiadas para encontrarnos con Él.

Así a través de estas catequesis que hoy iniciamos, quisiera redescubrir junto a ustedes la belleza que se esconde en la celebración eucarística, y que, una vez revelada, da sentido pleno a la vida de cada uno. La Virgen nos acompañe en este nuevo tramo del camino. Gracias.

Tuesday, November 7, 2017

"Algunos despertarán a la vida eterna, otros a la vergüenza eterna", papa Francisco

El Papa Francisco ha resaltado que la traducción de las palabras en la consagración «por muchos» en vez de «por todos», refiriéndose a por quienes la sangre de Cristo fue derramada «expresa mejor la idea de que las personas tienen la opción de elegir en esta vida, ya sea para Dios o en su contra».

«El despertar de la muerte no es, en sí mismo, un regreso a la vida», agregó el Papa Francisco. «Algunos, de hecho, despertarán a la vida eterna, otros a la vergüenza eterna».

Diferencias entre los liturgistas

Desde que la Misa fue traducida a la lengua vernácula, los liturgistas han debatido sobre la mejor manera de traducir las palabras «pro multis» en la oración de Consagración. Las palabras literalmente se traducen como «por muchos», pero muchos liturgistas lo tradujeron a sus propios idiomas como «por todos».

En 2006, la Santa Sede dio instrucciones de que todas las nuevas ediciones vernáculas del Misal Romano a partir de ese momento deberían traducir las palabras como «por muchos», señalando que también es la traducción más literal del griego original en Mateo 26,28.

El cambio se encontró con la oposición de algunos países, sobre todo en Alemania, lo que llevó al Papa Benedicto XVI a escribir una carta personal en 2012 explicando por qué los obispos deberían adoptar la nueva traducción. Se publicó una nueva versión alemana de la Misa, pero nunca fue adoptada oficialmente.

Cuando el Papa Francisco publicó Magnum Principium a principios de este año, delegando mayores poderes sobre las traducciones a las conferencias episcopales locales, el Cardenal Reinhard Marx indicó que los obispos alemanes abandonarían la versión más nueva.

Esto puede ponerlo en desacuerdo con el Papa. En 2007, la conferencia de obispos argentinos aprobó una nueva traducción, mientras que el entonces cardenal Jorge Bergoglio era su presidente. Esa traducción tenía «por muchos» en lugar de «para todos».

Monday, July 10, 2017

¿Qué vino sirve para la Eucaristía? ¿Puede ser pan sin gluten? Un nuevo documento vaticano da normas

Las hostias sin gluten no sirven para ser consagradas. El mosto de uva sí, en caso necesario, si no se ha cambiado "su naturaleza". Pueden provenir de cultivos modificados genéticamente. Estas son algunas de las aclaraciones de la nueva Carta circular a los Obispos sobre el pan y el vino para la Eucaristía que ha difundido por encargo del Papa la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Incluso se sugiere que los obispos pueden crear un sello de calidad que garantice el producto.

«Mientras que hasta ahora, por lo general, algunas comunidades religiosas se ocupaban de preparar el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, hoy se venden también en los supermercados, en otros negocios y a través de internet», el Dicasterio, sugiere a los Ordinarios que «para no dejar dudas acerca de la validez de la materia eucarística, dar indicaciones al respecto, por ejemplo, garantizando la materia eucarística mediante certificados apropiados».

Se recuerda que «el pan que se emplea en el santo Sacrificio de la Eucaristía debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente, para que no haya ningún peligro de que se corrompa».

Se señala además claramente que «es un abuso grave introducir, en la fabricación del pan para la Eucaristía, otras sustancias como frutas, azúcar o miel. Es claro que las hostias deben ser preparadas por personas que no sólo se distingan por su honestidad, sino que además sean expertas en la elaboración y dispongan de los instrumentos adecuados».

Vino sin mezclar con sustancias

La Carta recuerda también que «el vino que se utiliza en la celebración del santo Sacrificio eucarístico debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias extrañas. [...] Téngase diligente cuidado de que el vino destinado a la Eucaristía se conserve en perfecto estado y no se avinagre.

Está prohibido utilizar un vino del que se tiene duda en cuanto a su carácter genuino o a su procedencia, pues la Iglesia exige certeza sobre las condiciones necesarias para la validez de los sacramentos. No se debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género, que no constituyen una materia válida».

Gluten y otros casos especiales

Sobre las normas respecto a las personas que, "por diversos y graves motivos, no pueden tomar pan preparado normalmente o vino normalmente fermentado", se lee que:

«Las hostias sin nada de gluten son materia inválida para la Eucaristía. Son materia válida las hostias con la mínima cantidad de gluten necesaria para obtener la panificación sin añadir sustancias extrañas ni recurrir a procedimientos que desnaturalicen el pan». Así como «es materia válida para la Eucaristía el mosto, esto es, el zumo de uva fresco o conservado, cuya fermentación haya sido suspendida por medio de procedimientos que no alteren su naturaleza (por ejemplo el congelamiento).

«La materia eucarística preparada con organismos genéticamente modificados puede ser considerada materia válida», afirma también la carta, que añade luego que «los que preparan el pan y producen el vino para la celebración deben ser conscientes que su obra está orientada al Sacrificio Eucarístico y esto pide su honestidad, responsabilidad y competencia».

La Carta está fechada el 15 de junio de 2017, Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y está firmada por el Card. Robert Sarah y por el Arzobispo Arthur Roche, Prefecto y Secretario respectivamente de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

Monday, June 5, 2017

Si no hay canto de Comunión, ¿cuándo se puede decir la antífona de comunión? y ¿quién la dice?

Instrucción General del Misal Romano (IGMR) 87:

IGMR 87: Para canto de Comunión puede emplearse la antífona del Gradual Romano, con su salmo o sin él, o la antífona con el salmo del Graduale Simplex, o algún otro canto adecuado aprobado por la Conferencia de los Obispos.

Lo canta el coro solo, o el coro con el pueblo, o un cantor con el pueblo. Por otra parte, cuando no hay canto, se puede decir la antífona propuesta en el Misal. La pueden decir los fieles, o sólo algunos de ellos, o un lector, o en último caso el mismo sacerdote, después de haber comulgado, antes de distribuir la Comunión a los fieles.

IGMR 88: Terminada la distribución de la Comunión, si resulta oportuno, el sacerdote y los fieles oran en silencio por algún intervalo de tiempo. Si se quiere, la asamblea entera también puede cantar un salmo u otro canto de alabanza o un himno.

¿Es correcto que un sacerdote celebre sin casulla (solo con alba y estola)? y ¿los sacerdotes concelebrantes?

No es correcto. Siempre se debe usar la casulla (excepto los concelebrantes en caso de necesidad):

Instrucción General del Misal Romano (IGMR) 336:

La vestidura sagrada para todos los ministros ordenados e instituidos, de cualquier grado, es el alba, que debe ser atada a la cintura con el cíngulo, a no ser que esté hecha de tal manera que se adapte al cuerpo aun sin él. Pero antes de ponerse el alba, si ésta no cubre el vestido común alrededor del cuello, empléese el amito. El alba no puede cambiarse por la sobrepelliz, ni siquiera sobre el vestido talar, cuando deba vestirse la casulla o la dalmática, o sólo la estola sin casulla ni dalmática, según las normas.

IGMR 337:

La vestidura propia del sacerdote celebrante, en la Misa y en otras acciones sagradas que se relacionan directamente con la Misa, es la casulla o planeta, a no ser que se determinara otra cosa, vestida sobre el alba y la estola.

IGMR 209:

Los concelebrantes, en la sacristía o en otro lugar apropiado, se revisten con las vestiduras sagradas que suelen utilizar cuando celebran la Misa individualmente. Pero si hay una justa causa, por ejemplo, un gran número de concelebrantes o falta de ornamentos, los concelebrantes, con excepción siempre del celebrante principal, pueden omitir la casulla o planeta, poniendo la estola sobre el alba.